La pintura reflectante se basa en dos propiedades físicas que se combinan para determinar el rendimiento de un recubrimiento.
La reflectancia solar mide la capacidad de una superficie para devolver la radiación en lugar de absorberla. Una pintura blanca convencional no pasa del 70-80 % recién aplicada, y cae enseguida por la suciedad y el cretado. Las mejores pinturas reflectantes superan el 90 % desde la aplicación y mantienen ese nivel con el paso del tiempo gracias a sus pigmentos reflectantes y a un top coat anti-UV.
La emisividad térmica mide la capacidad de evacuar en el infrarrojo el escaso calor residual absorbido. Las pinturas reflectantes de alto rendimiento superan una emisividad de 0,90.
La suma de ambas da el SRI, o Solar Reflectance Index. Es el indicador normalizado ASTM 1980, la referencia en la industria de los recubrimientos de cubierta. CovaTherm 20 presenta un SRI de 119 recién aplicado y de 118 tras envejecimiento acelerado en cámara QUV, entre los mejores del mercado. En pleno verano, una cubierta oscura puede pasar de los 70-80 °C. Con una pintura reflectante, la superficie se queda unos diez grados por encima de la temperatura ambiente y la transferencia de calor hacia el interior cae drásticamente.